lunes, 14 de septiembre de 2015

Sentir ilusión por lo que hacemos (primera parte)



Llega septiembre y con este mes llega, normalmente, la vuelta al “cole/trabajo” para la mayoría. Cómo se produzca el reencuentro con la cotidianidad, la rutina y las obligaciones, y con unos días más cortos y fríos, tiene mucho que ver con tener o no ilusión por algo en nuestra vida.

Tener ilusión por…, sentir ilusión ante…, ilusionarse con…, son condiciones importantes para iniciar el nuevo “curso” con ánimo y fuerzas, con alegría y entusiasmo, con ganas y esperanza; esto es: para arrancar ilusionado. A veces, sin embargo, no es así, y resulta difícil entender qué es lo que ocurre, que está fallando. Puede ser una cuestión puntual o una sensación constante, en cualquier caso, a ninguno nos gusta sentir apatía o desmotivación cada mañana al levantarnos.

Antes de pasar a analizar el  por qué no nos sentimos suficiente motivados es importante comprender qué entendemos cada uno por “ilusión”.


¿La ilusión es…? 10 apuntes relacionados con “sentir ilusión”.

Parece que tiene que ver con la idea de “fuerza”, con “tener ganas”… Y así es, sin embargo son muchas, las ideas relacionadas con este concepto.

Según un estudio realizado por Lecina Fernández, psicóloga especialista en este tema, la ilusión se relaciona con estas 10 ideas o categorías:

1. Ganas. Esta categoría incluye las respuestas que definen y/o relacionan la ilusión con ganas de vivir, motor de vida, energía, con ganas que motivan, estimulan e impulsan.

2. Proyectos. Incluye respuestas como tener ilusión por tener proyectos, hacer cosas, ir hacia una meta, tener ilusión por equipos o grupos, por conseguir cosas.

3. Alegría. Incluye respuestas con el concepto de alegría, sonreír, felicidad, fusión de felicidad y sorpresa, optimismo.

4. Lo cotidiano, lo que da sentido a la vida. Incluye el concepto de lo cotidiano, el día a día, cada instante y al mismo tiempo ver algo nuevo en ello, lo que da sentido a la vida, lo que permite pasar de lo cotidiano a lo permanente.

5. Fuerza y Perseverancia. Incluye el concepto de fuerza para superar, para luchar, para lograr, para seguir adelante, para conseguir, en la constancia y para perseguir tus sueños.

6. Esperanza. Incluye el concepto de esperanza, creer, esperanza que lo imaginado se hace realidad, tener fe tras mil decepciones y estar convencido.

7. Capacidad y confianza en uno mismo. Incluye el concepto de sentirse capaz ante las adversidades; capaz para solucionar, para hacer realidad lo imaginado, tus sueños; capacidad y confianza en sí mismo, en creer que un sueño es realizable si te lo propones; confianza en lograr las cosas que parecen imposibles.

8. Ilusión por las personas. Hace referencia a personas cercanas y amadas como hijos, pareja, etc.

9. Incertidumbre. Hace referencia a la sorpresa, a la incertidumbre de si conseguirá o no lo propuesto, a ir a por un sueño aunque quizá no se cumpla.

10. Idea negativa. Esta categoría incluye las respuestas que definen y/o relacionan la ilusión con el concepto de falsa esperanza, estar fuera de la realidad, y mentira.


Dedica unos minutos a señalar con cuál de estas categorías te identificas más. ¿Para ti, la ilusión tiene que ver con…? Elige tres de ellas, te ayudará a entender qué te ocurre cuando te falta ilusión por algo y cómo solucionarlo.

Artículos relacionados:

miércoles, 26 de agosto de 2015

Elegir entre “pararse a pensar” o “echar a andar”

http://bit.ly/1DMiPOe
Son muchas las personas que se sienten insatisfechas con lo que hacen, con su modo de vida, con su relación de pareja, etc. De entre todas ellas, son también muchas las que se sienten desorientadas y sin saber qué hacer para resolver esta situación, esto es, como si estuvieran en un callejón sin salida porque no ven por dónde tirar.

Con relación a este tipo de circunstancias, es frecuente leer artículos o post en los que se insiste sobre la importancia de tomarse un tiempo para determinar lo que se desea y a partir de aquí, trazar un plan para conseguirlo. Ya después, actuar. Estoy de acuerdo con ello, pero solo en parte.

Mi experiencia, personal y como coach, me dice que en ocasiones este proceso de reflexión conduce a incrementar la angustia aún más, paralizando o bloqueando a la persona. Las sensaciones pueden ser parecidas a: ¡no sé lo que quiero, me cuesta reconocer qué deseo exactamente y, por mucho que me siente a pensar, sigo sin aclararme! ¡Esto, me agobia!

Frente a la recomendación de “decide primero qué quieres; para luego actuar”, la vida nos muestra como en numerosas circunstancias son los actos concretos (las vivencias, los hechos,…) los que nos devuelven información de gran valor y utilidad para dilucidar qué es lo que realmente queremos. Es decir, es el actuar y no el “pensar” el que me ayuda a identificar mis preferencias, gustos o deseos.

En situaciones de bloqueo, el echar a andar, aún sin tener claro el camino a tomar, es el paso previo a la identificación del objetivo. Esas vivencias nos ayudan a experimentar y a probar si nos gusta o no, lo nuevo en lo que nos metemos. En definitiva, aprovechar las oportunidades de hacer cosas distintas, aunque no tengamos claro si es lo que queremos o no.

Lógicamente, hay que tomar las precauciones básicas necesarias para no cargar con consecuencias no deseadas, siendo prudentes con los “experimentos”. Eso sí, ser cautos no es incompatible con atreverse a probar.

Esa experiencia nos aporta el conocimiento de distintas realidades y nos ayuda a clarificar lo que deseamos. Por ello, lo ideal es encontrar el justo equilibrio entre reflexionar y actuar, entre pararse a pensar y arrancar a hacer. Cada circunstancia y periodo requerirá más de lo uno o de lo otro y, dependiendo de “nuestro momento vital”, será preferible darle prioridad a la reflexión o a la actuación.

http://bit.ly/1IYuXHT




domingo, 19 de julio de 2015

Buscar el cambio, aprovechar la oportunidad





Hace ya muchos veranos que me ocurrió lo siguiente. Volvía como todos los años al lugar en el que había veraneado desde pequeña y en el que conocía a mucha gente. El grupo de amigos/conocidos nos reencontrábamos después de doce meses y ese primer saludo estival siempre empezaba por un "¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¿Cómo ha ido el invierno?" Las respuestas eran variadas, según quién y el momento vital, pero la mayoría respondía con algo que contar y compartir. 

Aquel verano la primera sorprendida fui yo. Mi respuesta era sencilla y llanamente vacía: "Bien, todo bien sin ninguna novedad, como siempre" Nada de interés, ni nada reseñable, nada había ocurrido aquel año, nada había cambiado. Incluso a mi misma me llamaba la atención mi respuesta y, por supuesto, esa realidad que yo no había percibido hasta ese instante.

No pasa nada, realmente no pasa nada porque nada cambie y todo siga igual, salvo que -como era mi caso en aquel momento- en tu vida haya bastantes cosas que no te gustan. Este es el tema: tener un montón de sueños, de ilusiones, de deseos y estar parada sin hacer nada por conseguirlos mientras ves como los años van pasando. Detrás de esta actitud..... está el miedo a equivocarnos, el temor a enfrentarnos a lo desconocido; en algunas ocasiones, el dar un paso en una dirección distinta a la esperada.

Aquel verano tome una decisión que no he olvidado hasta el día de hoy. Decidí vivir, luchar por lo que quería, aprovechar las oportunidades y tratar de que cada año algo "entrara" en mi vida, algún aprendizaje se quedara conmigo. Decidí tener algo que contar, no al mundo, sino a mi misma. Y así ha sido.

A veces, ese algo que ha cambiado es imperceptible para los demás. Pero yo sí lo veo y sé que ese paso más, en busca de mis ilusiones, está ahí, aunque solo lo perciba yo. Es más, ahora respondo en muchas ocasiones: "bien, todo bien, sin novedad" por el simple hecho de no entrar en detalles, pero yo se que en el fondo voy alcanzando mis pequeñas metas; y eso, me reconforta.

Y con esta actitud, no pasará nada el día que nada cambie porque las cosas estén bien como están. Es más, será un buen día si es que llega. Y si no llega... a seguir caminado.

He recordado esta experiencia al ver este vídeo. Espero que te guste y que decidas, tu también, salir de la zona de confort y aprovechar a vivir las oportunidades, a luchar por tus pasiones y a contártelo cada noche antes de acostarte.



martes, 7 de julio de 2015

¿Cómo reinventar una vida?




Richard J. Leider y Alan M. Webber, autores de “La vida reinventada. Descubre tus nuevas posibilidades”, nos presentan un viaje hacia el encuentro de la ilusión, un camino de seis fases que nos acercará a nuevas motivaciones. Es el “mapa de la vida reinventada”:

  • Reflexiona y haz pausas, para ser consciente de lo que está ocurriendo, para darte cuenta de cómo van cambiando las cosas.
  • Conecta, con tus amigos, la familia y entorno, para sentir su apoyo y aprender de sus consejos. La soledad es una buena compañera en numerosas ocasiones pero cuando toca reinventarse, tener compañeros de viaje es un importante apoyo.
  • Explora, poniendo en juego dos herramientas: la curiosidad y el valor. Sin descubrimiento no hay renovación, y en esa aventura la curiosidad es como el imán que nos pone en movimiento, en tanto que el valor nos ayuda a seguir, aceptando la incertidumbre como futuro.
  • Elige. Hay que priorizar, filtrando opciones y focalizando en las que mejor respondan a nuestros objetivos. Importante en esta fase: saber qué es lo que quieres conseguir y asumir el riesgo derivado de la elección que hagamos.
  • Vuelve a hacer el equipaje, es decir, determina qué te será útil en el viaje y de qué puedes prescindir, a fin de salir ligero y sin que viejas rémoras nos pesen. El cambio de itinerario requerirá nuevas capacidades, habilidades, etc., ¡no dudes en hacerte con ellas!
  • Actúa: da el primer paso, comienza a construir el cambio. Es importante vivir bajo la premisa de la “acción” desde el primer momento, aunque no se tenga claro hacia dónde ir y tampoco se tengan muchas ganas. Las ganas llegan según se va haciendo, las ganas se alimentan de acción, de ahí la importancia de ponerse en camino para ir “recargando las pilas”, para ir encontrando ilusión por un nuevo proyecto.
¿Estas fases son secuenciales? No, en absoluto, a veces se darán en este orden, pero en muchas ocasiones el viaje seguirá un proceso distinto, en el que incluso se volverá hacia atrás. La esencia está en sentir cómo la vida se va reorientando, cómo se van descubriendo nuevas formas de estar en este mundo.

¿Hay alguna más importante que otra? Sí y no. Depende del momento que tú estés viviendo tendrá más presencia y más interés alguna de esas fases, en tanto que otras resulten más secundarias. Es muy probable que con un mínimo de reflexión detectes cuál o cuáles son las etapas en las que te encuentras actualmente.

¿Se tienen que dar por separado? No necesariamente, es más, no es extraño que pasos como el de “parar” (reflexionar y hacer una pausa) y “actuar” se presentes de manera simultánea, aunque parezcan antagónicos. Una de las acciones más importantes a la hora de reinventarnos es la de observar qué ocurre dentro y fuera de uno mismo, y esa acción de observación debe hacerse desde la quietud y la calma.

Ser consciente de en qué momento estoy, esto es lo realmente importante. Y respetar ese momento, pues cada etapa exige un tiempo y un espacio en nuestra vida. Tratar de ganar la reorientación en tres días es lo que realmente puede pasarnos una seria factura. Abordar con prisas ese proceso de cambio, sin reflexionar, sin priorizar, sin ser conscientes de las elecciones que hacemos, es tan peligroso como el no actuar y quedarnos bloqueados.




La vida solo es posible reinventada
Me gustó esta frase del poema Reinvenção de Cecília Meireles  y la imagen de Anna Cunha



martes, 16 de junio de 2015

Cuestiones emocionales sobre el uso del verbo "ser"




Hace unos días presencié la tensa charla que mantuvieron dos de mis amigas. La razón: lo que empezó siendo un intento por aclarar los desencuentros que surgían a menudo entre ellas, se convirtió en un debate que no llegó a ningún sitio, con el consiguiente malestar. La conversación giraba en torno a los “por qué” que causaban esos problemas y esas diferencias. Y, en esa comunicación, el verbo “ser ocupó un importante protagonismo. Un protagonismo tal, que limitó seriamente las opciones de acuerdo y reencuentro.

De haberse utilizado durante el debate otros verbos, como los de acción (estuviste, dijiste, miraste, no llamaste…) o los de ánimo (reíste, lloraste, te entristeciste…), el conflicto habría estado más cerca de solucionarse. ¿Por qué? Porque el verbo “ser” conduce a generalizaciones, abstracciones, ambigüedades y, lo que es peor, a atacar la esencia de una persona, su identidad, y a otorgarle atributos negativos. Lógicamente, esto lleva a incrementar la tensión en una discusión.

Quizá algunos os preguntareis ¿Realmente ocurre esto con el verbo “ser”? ¿Influye tanto la mayor o menor utilización de términos tan coloquiales como “soy, no soy, eres, no eres”…? ¿Qué impacto tiene sobre una discusión su uso o no uso?

martes, 26 de mayo de 2015

Crea tu primer punto





Me encanta este cuento, y no solo por cómo maneja el asunto de la autoestima, la motivación y la creatividad sino porque ejemplifica algo que a menudo nos ocurre, el quedarnos parados o bloqueados ante una dificultad. 

¿Te ha pasado alguna vez algo de esto?... querer presentar una idea y no tener ninguna, abordar por decimoctava vez un problema sin saber por dónde tirar, sentarte delante de un papel sin que venga una palabra a la cabeza, sentirte parado ante una encrucijada de caminos sin que encuentres el menor indicio de por dónde tirar, enfrentarte con hastío y aburrimiento al mismo trabajo de siempre sin ver una luz ni una salida … podría seguir poniendo ejemplos. En definitiva, lo que se plantea es el tener que decidir o hacer algo para resolver una situación y no lograr dar ningún paso, bueno sí: el de mirar el problema y solo mirarlo, hasta obsesionarnos.

¿Las razones de por qué actuamos así? … pueden ser muchas: miedo, inseguridad, desmotivación, etc. Partiendo de que cada caso es individual, sus consecuencias son que la persona se siente bloqueada y sin capacidad de acción.

Es una situación bien parecida a lo que le pasa al niño del cuento. No se le ocurre qué dibujar y se enfrenta a un papel vacío para, únicamente, conseguir enojarse. Nuestro protagonista tuvo suerte, ya que hubo alguien a su lado que supo mostrarle el camino para romper su bloqueo: hacer algo, dar un primer paso y construir con ese paso, algo importante por pequeño que sea.

El cuento representa una realidad que podemos aplicar a nuestra vida. En mi experiencia como orientadora de personas que están en desempleo, trabajo con frecuencia situaciones personales análogas a la de esta historia: desempleados que hace tiempo se quedaron “parados” ante su búsqueda de empleo. Empezaron con fuerza y entusiasmo pero después de un tiempo de no conseguir buenos resultados, entraron en un periodo de desencanto que conduce a no saber que más hacer. Lo mismo puede ocurrir cuando buscamos una reorientación de nuestra carrera profesional,  o pasamos por una situación de crisis o un deseo de cambio: nos perpetuamos en ese trabajo que no queremos, viendo cómo pasa el tiempo y nada cambia.

Las opciones para salir de esta “parálisis” son diversas pero, sin duda, la cuestión clave es la de “echar a andar”, hacerlo con cualquier acción por pequeña y/o sencilla que sea.

Crea un punto, por modesto que resulte, esto es: haz algo, lo que sea, algo que te ponga en movimiento y que te lleve a un segundo paso. Una llamada de teléfono, asistir a una charla, quedar con alguien, apuntarte a… cualquier cosa que te saque de la cuneta y te ponga de nuevo en el camino.

Haz ese esfuerzo aunque en este momento te resulte difícil. Te merecerá la pena. Y no juzgues si es poco o mucho, grande o pequeño, importante o banal, ¡es tu punto! ese que te va a llevar a hacer más puntos en diferentes colores y tamaños. Y el que, después de un periodo de tiempo y esfuerzo “haciendo puntos”, te abrirá las puertas a tu propio reconocimiento y al de los demás.

Coge el lápiz y no lo pienses mucho, crea tu primer punto, el primero de una serie de puntos. En ti está la decisión de hacer los cambios que mejoren tu vida.



lunes, 18 de mayo de 2015

LA DECLARACIÓN DE AUTOESTIMA DE VIRGINIA SATIR



Virginia satir

Yo soy yo.

En el mundo entero no hay nadie que sea exactamente como yo.

Hay personas que tienen cosas que se me parecen, pero nadie llega a ser exactamente como yo. Por lo tanto, todo lo que sale de mí es auténticamente mío porque solo yo lo elegí.

Soy dueña de todo lo que me constituye: mi cuerpo y todo lo que mi cuerpo hace, mi mente y con ella todos mis pensamientos e ideas, mis ojos y también las imágenes de todo lo que ellos ven, mis sentimientos, sean los que fueren (enfado, júbilo, frustración, amor, desilusión, entusiasmo); mi boca y todas las palabras que de ella salen (corteses, dulces o ásperas, correctas o incorrectas), mi voz, áspera o suave, y todas mis acciones, ya se dirijan a otros o a mí misma.

Soy dueña de mis propias fantasías, de mis sueños, mis esperanzas y mis miedos. Son míos todos mis triunfos y mis éxitos, mis fallos y mis errores.

Como soy dueña de todo lo que hay en mí, puedo relacionarme íntimamente conmigo misma. Al hacerlo, puedo amarme y ser amiga de todo lo que hay en mí. Entonces puedo trabajar toda yo, sin reserva, para mi mejor interés.

Sé que en mí hay aspectos que no entiendo, y otros que no conozco, pero mientras me acepte y me quiera puedo, con ánimo valiente y esperanzado, buscar las soluciones a los enigmas y las maneras de saber más cosas de mí misma.

Todo lo que miro y digo, cualquier cosa que exprese y haga, y todo aquello que piense y sienta en un momento dado, soy yo. Todo esto es auténtico y representa dónde estoy en ese momento del tiempo.

Cuando más adelante evoque qué aspecto tenía y cómo hablaba, lo que decía y lo que hacía, cómo pensaba y sentía, algunas partes pueden parecerme fuera de lugar. Puedo descartar lo que no me viene bien y conservar lo que me parezca adecuado, e inventarme algo nuevo que reemplace a lo que haya descartado.

Puedo ver, oír, sentir, decir y hacer. Tengo los recursos para sobrevivir, para estar próxima a los demás, para ser productiva, para encontrar sentido y orden en el mundo de las personas y las cosas que existen fuera de mí.

Soy mi propia dueña, y por lo tanto puedo hacerme a mí misma.

Soy yo, y estoy bien tal como soy.



Virginia Satir (1916-1988) fue una terapeuta norteamericana, especializada en la intervención familiar sistémica. Su trabajo se ha basado en la importancia de la comunicación y el auto-conocimiento, siendo la autoestima el fin a buscar. Entre sus principios, resalta su confianza en la persona como agente de cambio, es decir, su convicción de que todos estamos capacitados para crecer y para abordar las transformaciones necesarias que la vida nos demanda.


miércoles, 29 de abril de 2015

Él era yo




Hoy traigo una sencilla historia, cargada de mensaje. Es un cuento de Peter H. Reynolds que nos habla de ese niño que llevamos dentro. Nos recuerda cómo se siente y qué desea. Nos invita a reflexionar sobre cómo le tratamos, cómo le atendemos; en definitiva, sobre qué relación tenemos con nuestro niño interior, el yo más auténtico y genuino.


martes, 21 de abril de 2015

Dónde pongo la atención


http://bit.ly/1yK4vDl


Dos lobos

Un viejo indio estaba hablando con su nieto y le decía: “Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo gris, enojado, violento y vengador. El otro es un lobo blanco lleno de amor y compasión.”

Y el nieto preguntó: “Abuelo, dime: ¿Cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?”

A lo que el abuelo contestó: “Aquel que yo alimente.” 

Hoy te traigo dos historias que ponen el acento en cómo creamos la realidad que nos rodea, en el poder generador de la atención, en nuestra capacidad para alimentar ciertos sentimientos cuando hacemos foco sobre ellos.

A veces, esos sentimientos son positivos, pero otras muchas no lo son tantos, esclavizándonos y condenándonos a vivir bajo la tristeza, la envidia, la culpa, etc. ¿Qué pasa cuando decido qué sentimiento alimentar? ¿Qué cambia en mi vida si tomo conciencia de que yo tengo ese poder, esa capacidad? 



Una historieta popular del Cercano Oriente cuenta que un joven llegó al borde de un oasis contiguo a un pueblo y acercándose a un anciano le preguntó:


   ¿Qué clase de personas viven en este lugar?
   ¿Qué clase de personas vive en el lugar de donde tú vienes?, preguntó a su vez el anciano.
   Oh, un grupo de egoístas y malvados, replicó el joven, estoy encantado de haberme ido de allí.

A lo cual el anciano contestó: Lo mismo vas a encontrar aquí.

Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al oasis y viendo al anciano, preguntó: ¿Qué clase de personas vive en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta:

   ¿Qué clase de personas vive en el lugar de donde tú vienes?
   Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado.
   Lo mismo encontrarás aquí, respondió el anciano.

Un hombre que había oído ambas conversaciones preguntó al viejo: ¿Cómo es posible dar dos respuestas diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo respondió: Cada cual lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada nuevo en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí. Aquel que encontró amigos allá, podrá encontrar también amigos aquí, porque, a decir verdad, tu actitud mental es lo único en tu vida sobre lo cual puedes mantener control absoluto.

Siempre que tengas una actitud positiva hallarás la verdadera riqueza de la vida. Si miras dentro de ti sabrás que posees una gran fortaleza para entregar y para descubrir todas las cosas buenas en los demás. ¡Qué siempre encuentres un oasis de paz!


martes, 31 de marzo de 2015

En cuál de los escalones te encuentras? In-felicidad en el trabajo (parte II)

http://bit.ly/1H7ytEe

Lofti EL-GHandouri describe en su libro El despido interior la evolución que uno vive cuando cae el entusiasmo por el trabajo. Así, compara la progresiva pérdida de motivación con una escalera (sentido bajada): los escalones, son las fases de eso que denomina “el despido interior”.


Los escalones de la motivación laboral: las fases del despido interior

domingo, 22 de marzo de 2015

Padeces alguno de estos síntomas? In-felicidad en el trabajo (parte I)


El pasado 20 de marzo se celebró el Día Internacional de la Felicidad. Fue Naciones Unidas quien pensó en: ¡qué bueno sería dedicar un día a reflexionar sobre mi felicidad y tratar de acercarme a todo aquello que me hace feliz!  Y no para dejarlo ahí, en un simple día, sino para tomar conciencia sobre lo que es la felicidad y legitimar el deseo de vivir ese estado de bienestar, como una aspiración universal de los seres humanos.

Pero ¿qué es la felicidad? Me gusta la definición de Jean Paul Sartre "Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace".

sábado, 28 de febrero de 2015

Presencia


Cuando entras en algún lugar, ¿sientes que los demás son conscientes de tu presencia, notan que has llegado? o, por el contrario, ¿tienes la impresión de pasar desapercibido? A mí me han ocurrido las dos situaciones: la de experimentar una sensación especial, una energía que parecía como si yo reluciera y, además, notaba cómo los demás reaccionaban a mi paso; y la de pasar “sin pena ni gloria”, sintiéndome transparente, vacía y como si no existiera. ¿De qué depende que ocurra una u otra cosa? ¿Qué influye en esas distintas reacciones? 

Estamos hablando de la “presencia”, de tener o no “presencia”.

¿Tener presencia es “llamar la atención”? 

sábado, 14 de febrero de 2015

Las cosas no siempre son como piensas


Esta es una historia sobre nuestra manera de pensar, sobre cómo nos enfrentamos a la vida, sobre nuestra confianza en el mundo, en las personas, en el futuro,…

Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compró un paquete de galletas. Se sentó en un asiento en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al lado del asiento donde estaba la bolsa de galletas se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer. 

Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "pero, que descarado, si yo estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide". Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. 

Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "ah... ¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?". Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah, aquello era demasiado! se puso a bufar de la rabia. Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando se sentó, confortablemente, en su asiento, ya en el interior del avión, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa ¡su paquete de galletas estaba allí... todavía intacto, cerradito! Sintió tanta vergüenza. Solo entonces percibió lo equivocada que estaba, ¡había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa! 

El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no había más tiempo para explicaciones... ni para pedir disculpas.

A veces, me pregunto, ¿por qué ante determinadas situaciones, tendemos a decantarnos por el peor de los supuestos? Es posible que el refrán “piensa mal y acertarás” haya penetrado demasiado en nuestra mente y haya colonizado nuestros pensamientos más espontáneos. 

También, puede ocurrir que nos apresuremos demasiado al sacar conclusiones, haciéndolo sin pararnos a reflexionar un minuto, sin considerar que detrás de un comportamiento puede haber muchas razones y detrás de una historia, muchas explicaciones.

El por qué actuamos con desconfianza, recelo, aprensión puede deberse a razones diversas, dejémoslo ahí. La cuestión que me interesa resaltar es la diferencia entre la respuesta de la muchacha y la del hombre, ante la misma tesitura. No sabemos lo que pasaba por la cabeza del hombre al ver como la chica se comía sus galletas pero, sin duda, encontró que nada perdía compartiendo su tentempié con ella. Y, quien sabe, probablemente, se alegró de poder hacerlo, de poder transmitir una actitud de vida diferente, de invitar a la chica a una reflexión de vida.

¿Qué creéis que ocurrirá si se vuelve a repetir la historia? 
¿Cómo construir la historia de las galletas de otra manera?

jueves, 29 de enero de 2015

Tendencias del mercado de trabajo


Víctor Rodríguez presenta en su blog http://www.capacity.es la siguiente infografía sobre el futuro del mercado laboral. En ella, se destacan 10 tendencias que marcarán las relaciones entre empresa y trabajadores, en los próximos años.





Fuente: Angeles Vallejo y Alfredo vela (Ticsyformacion)


Sobre algunas de ellas, ya he hablado en distintas entradas: por ejemplo, la desaparición del concepto de “trabajo para toda la vida”, el hecho de que los trabajadores diseñen su plan de empleabilidad o la importancia de la marca personal.

Otras de estas cuestiones, en concreto las referidas a los cambios que tendrán que afrontar las empresas son también importantes. Por ejemplo, el que los trabajadores que quieren desarrollar una carrera profesional con sentido no tengan interés en formar parte de las multinacionales o grandes empresas, o el reto de las compañías para captar perfiles cualificados, son algunas de las tendencias que marcarán el futuro, aunque hoy resulte difícil creerlo.

Si tuvieras que valorar tu actual capacidad de respuesta frente a estas tendencias ¿cuál sería?



jueves, 1 de enero de 2015

¿Y si le pides a los Reyes, tiempo… tiempo sin tiempo?



En fechas como estas uno suele pararse a “mirarse dentro” y a mirar su vida. Es frecuente la reflexión: para el próximo año, ¿qué quiero? Y se mira uno porque entre otras cosas, ahora, en Navidad, uno se reencuentra en las cenas familiares con viejos roles, revive ese que fue cuando era niño. También, porque uno proyecta hacia el futuro al brindar por el nuevo año, siendo inevitable hacer una valoración del que pasó.

Pero, no solo porque es Navidad, también se mira uno porque es invierno, y porque esta estación invita a “quedarse en casa”, soltando muchos de los estímulos del entorno y conectando con esa identidad más auténtica y personal.

Esa conexión no siempre es fácil, da vértigo mirarse uno mismo, da miedo verse en relación a la vida. Y huimos de hacerlo, buscando ese algo urgente que siempre tenemos por hacer. Mirar hacia dentro requiere tiempo, pero no un tiempo material medido en un reloj. Requiere tiempo sin tiempo, que es tanto como decir tiempo para observarme, a mí con relación al mundo, y para vivir consciente, para contemplar lo que se está viviendo.

Probablemente, Mario Benedetti supo explicarlo mejor que yo. Aquí te dejo sus palabras sobre lo que es, el tiempo sin tiempo:

Tiempo sin tiempo (Mario Benedetti)

Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
qué hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta

tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj

vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.



A los Reyes Magos les pido, eso, tiempo sin tiempo.
Quizá a ti, también te venga bien ese regalo.


Otros post relacionados: